Jugábamos a besar lento porque así era más largo el hormigueo del estómago y más profundo el vacío del pecho.
Jugábamos a besar lento y yo intercalaba mordiscos en tus labios; de los suaves, de los que no duelen, pero sí que hacen temblar. Y mientras tanto pasaba la mano por tu nuca para sentir tu cuerpo estremecerse.
Jugábamos a besar lento y a parar el tiempo para que el mundo quedara a nuestros pies, para así poder decir que nos comíamos el mundo a bocados el uno del otro.
Jugábamos a besar lento, y todas las distancias, se hacían cortas.

También jugábamos a besar rápido,
intenso, a veces hasta agresivo. Pero yo
perdía la cabeza, y se me olvidaba
pensar en mis actos. Por eso nunca
conseguí describir esos besos.
...Y es que siempre me gustó dejarme llevar, es la mejor forma de quedarse sin palabras.